Bitácora - Semana 1: Día uno, clase uno
- juanagra
- Jan 27, 2025
- 4 min read
Updated: Jan 29, 2025

Era un soleado y caluroso veinte de enero del dos mil veinticinco en Chía. Dos días antes,
había llegado de mis vacaciones en Panamá, en donde disfruté, descansé y compartí conn mi familia, amigos y mi novia. Mi primera clase fue teorías de la comunicación III, por lo que iba con toda la actitud, energía y ánimos a recibir la clase. Dentro de mí, sentía un alivio inmenso, ya que la clase no era tan temprano y pensaba que la carga académica seria menos pesada que teorías de la comunicación II, ya que esa era de tres créditos y la veíamos dos veces a la semana.
La asignatura siempre me ha encantado; he visto, en los semestres anteriores, temas
nuevos como temas antiguos, abarcados durante mis estudios en la secundaria. Por esa
razón, me sentía emocionado y en la expectativa de lo que la clase traería para mí.
También, tenía varias recomendaciones y comentarios positivos del profesor Juan Cobos, por lo que estaba emocionado de conocerlo al igual que a su metodología y temas que daremos en esta asignatura.
A pesar de llegar motivado por este nuevo semestre y esta primera asignatura, no podía dejar de pensar en mi tiempo en Panamá, junto a mis seres queridos. Fue un tiempo especial y único, que no se repetirá, por lo que lo aproveché al máximo. Ese lunes, camino a la universidad y antes de entrar a clase, tuve todos esos sentimientos
encontrados de nostalgia y quizás un poco de tristeza. Aun así, una gran parte de mí
estaba emocionada por ver a qué amigos y compañeros me encontraría en la clase.
Para mi sorpresa, todo mi grupo de amigos estaba fuera del salón, a punto de entrar; no
faltaba ninguno. Inclusive estaba Milo, que el semestre pasado se colaba en mi clase de
teorías II, pero en ese momento me di cuenta de que no lo iba a hacer, ya que sería mi
compañero por todo el semestre.
Al llegar a la puerta del salón y ver a todo mi grupo de amigos reunidos, fuera del aula de clase, los abracé con mucho cariño. Entramos al salón y al sentarnos, hablé con cada uno de ellos sobre nuestras vacaciones, paseos, y expectativas del semestre y de la clase. Fue bonito haberme reencontrado con todos ellos.
El profesor llegó puntualmente al salón y todos hicimos silencio. A simple vista, se veía
buena gente. El profesor Juan se presentó y luego hicimos la actividad del reloj para
conocernos entre todos. Nunca la había hecho, por lo que me pareció creativa y muy
dinámica para romper el hielo. La actividad consistió en sacar una hoja blanca y hacer un reloj con sus horas. Había que anotar una persona con la que sacar cita en una hora
específica, para luego responder unas preguntas con cada estudiante anotado.
Como siempre, yo llevaba mi portafolio con hojas blancas para anotar todo lo que voy
viendo y escuchando durante la clase, y cuando el profe nos mandó a sacar una hoja
blanca la saqué sin problema. Pero recordé un pequeño detalle; ninguno de mis amigos
llevaba hojas. Me volteé, vi alrededor mío y todos me pidieron hoja para hacer la
actividad. Agarré un par de mis hojas del portafolio y las doblé en dos, para repartirlas a
mis amigos. Luego, algunos de ellos no tenían bolígrafo, por lo que también les presté.
Después de unos pocos minutos, comenzó la actividad. Me levanté de mi silla y empecé a preguntarle a mis amigos a qué hora podían reunirse conmigo; no solo le pregunté a mis amigos cercanos, sino a otros compañeros del salón para conocer personas nuevas y aprovechar la actividad. Al terminar de anotar los nombres de mis amigos y compañeros en la hoja, tomé asiento, esperando las instrucciones del profe. Él, explicó que colocaría una diapositiva con el número de hora y pregunta que le tocaba a cada uno. Había que sacar la mayor cantidad de información posible del compañero antes de que acabara la música que el profe colocó.
La música empezó a sonar, me levanté de mi silla, y fui buscando a mis compañeros
según la hora que le tocaba a cada uno. Hablé sobre la última mentira que dije, lo que
hice en mis vacaciones, dónde me veo en cinco años, con quién vivo, el último libro que
leí, dónde estudié… fue una actividad muy divertida porque mis compañeros me conocían más y yo a ellos.
Al acabar el tiempo estipulado para la actividad, tomé asiento y el profesor invitó a los
estudiantes a presentarse frente al salón. Yo fui uno de los primero en ir para salir de eso; no tenía pena ni miedo y me presenté abiertamente. Uno que otro compañero dijo un dato curioso sobre mí, el profesor escuchaba y anotaba atentamente y luego me senté a escuchar a mis otros compañeros.
Luego de eso, el profesor Juan se levantó de la silla en donde estaba sentado y nos habló más a profundidad de la clase, reglas y algunos consejos que nos dejaba, como, por ejemplo, no utilizar el celular en clase, que los estudiantes desarrollen su pensamiento crítico y que cuidemos la ortografía al momento de escribir, ya que será muy estricto a la hora de la evaluación. Inclusive, nos colocó una imagen en pantalla de un exestudiante del profesor que escribió un ensayo de la peor manera posible. En ese momento, sentí pena ajena por el estudiante y hasta indignación, ya que me preguntaba constantemente cómo llegó tan lejos el estudiante en su transcurso académico.
Ya casi al final de la clase el profesor nos dejó una tarea para la siguiente semana, en la
que debíamos escribir un texto de mil palabras sobre cómo fue la primera clase, cómo nos sentíamos, a quién conocíamos, y demás información que considerábamos relevante. Para mí, no fue un reto ya que me gusta escribir y dejar fluir mis ideas. De igual manera, en mi universidad anterior, debía escribir ensayos de más de mil quinientas palabras en inglés sobre un tema en específico, por lo que no era algo nuevo para mí.
Al salir de la clase, me sentí satisfecho con la actividad realizada, contento y emocionado por lo que viene más adelante. De igual manera con muchas ganas de aprender y aplicar los nuevos conocimientos de esta clase en mi día a día, tanto en el ámbito profesional como en el personal.



Comments