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Bitácora - Salida de Campo: Un Paso Fuera de mi Zona de Confort

  • juanagra
  • Apr 25
  • 9 min read

Figura 1. Entrada principal de Casa Sobre la Roca
Figura 1. Entrada principal de Casa Sobre la Roca

"Llevar la palabra de Dios es una maravilla, lo mejor que le puede pasar a uno en la vida" - Profesor Mauricio Garzón.


Parte 1: Mi Historia


Hace un año, cuando cursé Teorías de la Comunicación III, ya había escuchado sobre la salida de campo para la clase de Investigación Social. En ese momento pensé: "eso es un problema para el Juandi del futuro". Pasó el año y, finalmente, aquí estoy. Cada día me sorprende lo rápido que pasa la vida y por eso siento la necesidad de llenarme de cosas positivas que aporten a mi día a día. Siento que ya no estoy para placeres efímeros, sino para experiencias que me transformen y me hagan crecer como persona. Por esta razón, decidí asistir a una iglesia cristiana como mi etnografía.


Echemos unos años atrás. Crecí en una familia católica, siendo el mayor de tres hermanos. Siempre he sentido que, por ser el mayor, debo dar el ejemplo y convertirme en un modelo a seguir. Desde pequeño, he sentido una conexión profunda y significativa con mi religión. Mi abuela materna y mi mamá me llevaban al Santísimo de mi parroquia y, aunque no estaba permitida la entrada a niños (por ser un lugar sagrado), yo me portaba bien. Suena extraño, pero aunque aún tenía apenas cinco años, recuerdo el olor de las flores frente a la Virgen de Guadalupe, el silencio que envolvía el lugar y ver a las personas arrodilladas, orando, llorando, contemplando la imagen de la morenita.


Con el paso del tiempo, mi sentido de pertenencia hacia la religión católica también creció. Estudié mi bachillerato en el Colegio de La Salle y, al ser una institución católica, asistíamos a misa una vez al mes y comenzábamos cada jornada con una oración. Asimismo, recibí mis sacramentos en mi parroquia (bautismo, primera comunión y confirmación) y actualmente hago parte del itinerario de formación católica Camino Neocatecumenal, en el que he estado desde el vientre de mi madre. En general, la religión católica tiene un lugar central en mi vida, no desde el fanatismo, sino como un motor que orienta mi día a día, poniendo a Dios por encima de mis planes y proyectos. Nunca lo he vivido como una "imposición" de mis padres, sino como una elección personal que me hace feliz.


Parte 2: La Llegada


Ahora bien, ¿a qué viene toda esta historia? Mientras reflexionaba sobre dónde realizar mi salida de campo, no se me ocurría ninguna idea. Me sugirieron e invitaron a visitar una mezquita, ser militar por un día o asistir a un bar nocturno. Pero, como mencioné anteriormente, no busco experiencias efímeras, solo aquellas que me aporten. Es por eso que decidí cambiar de rumbo, dejar de lado mis prejuicios frente a la religión cristiana y asistir a un culto.


Hablé con mi amigo Juanes (quien es cristiano) y le propuse acompañarlo a uno de sus cultos para esta actividad. Se alegró inmediatamente y acordamos asistir el domingo veintidós de marzo. Quedamos en vernos en la parada de SantaFé a las 8:30 am, ya que el culto iniciaba a las 9:00 am.


Esa mañana me sentía expectante. Había dejado mi mochila lista desde la noche anterior, así que solo desayuné, me arreglé y salí de mi casa en Chía. Tomé la flota a las 8:00 am y llegué en quince minutos a la parada. Ojalá todos los días el trayecto hacia Bogotá fuera tan despejado como ese domingo.


Juanes y sus padres llegaron por mí a las 8:40 am, me monté al carro y nos fuimos de una vez. Me sentía tranquilo, con ganas de llegar y vivir una experiencia que había evitado anteriormente, a pesar de haber sido invitado a cultos cristianos en otras ocasiones. En ese momento, preparé mi diario de campo (mis notas en el celular) para registrar todo lo que estaba a punto de vivir.


Antes de las 9:00 am llegamos a Casa Sobre la Roca, ubicada en la calle 102 #14 - 20. Juanes, su mamá y yo nos bajamos del carro. Lo primero que vi fue a varios jóvenes apoyando, saludando e invitándonos a pasar. Desde ese momento, me sentí bienvenido. Unos chicos me dieron un pequeño pez con vino (que, según me explicó Juanes, es como la consagración). Estuve a punto de abrirlo, pero él me indicó que aún no era el momento.


Figura 2. El pez y el vino.
Figura 2. El pez y el vino.

Antes de la entrada, había una mesa de madera con unos sobres azules y letras blancas que decían: "Conéctate, crece, sirve". En la esquina inferior, se leía la palabra "diezmo". Juanes me comentó que puedes dar (voluntariamente) la ofrenda o el diezmo. En ese momento no tenía mucho efectivo, pero decidí donar lo que llevaba. En la religión católica también se nos invita a dar, a desprendernos del dinero y a ofrecer limosna. Después de meter el dinero en el sobre, lo deposité y continuamos hacia el lugar donde ocurriría todo.



Figura 3: Dando la ofrenda.
Figura 3: Dando la ofrenda.

Me impresionó muchísimo lo distinto que es una iglesia católica de una cristiana en términos de infraestructura. Estoy acostumbrado a ver imágenes de santos, de la Virgen, de Jesús crucificado, de cruces en las paredes con las estaciones del viacrucis, flores de diferentes tipos y colores, el altar con sus velas y manteles y vitrales preciosos. Mi parroquia en Panamá y casi todas las iglesias católicas tienen esos elementos. Aquí, en cambio, no había nada de eso.


Figura 4. El Santísimo en mi parroquia en Panamá.
Figura 4. El Santísimo en mi parroquia en Panamá.

Figura 5. Vista frontal de la parroquia en Adviento.
Figura 5. Vista frontal de la parroquia en Adviento.
Figura 6. Vista trasera de la parroquia.
Figura 6. Vista trasera de la parroquia.

Por el contrario, Casa Sobre la Roca era un auditorio enorme de dos pisos, con sillas tanto en la parte superior como en la inferior. Había pantallas enormes en cada esquina, mucha iluminación, equipos de sonido por todo el recinto, paredes de ladrillo y una cruz enorme e iluminada en el centro del escenario. Aunque era muy distinto a lo que conocía, percibí una sencillez especial y una belleza en esa cruz ubicada en el centro, destacando la importancia de Jesús en medio de todos los asistentes.


Figura 7. Vista frontal dentro de la iglesia.
Figura 7. Vista frontal dentro de la iglesia.

Parte 3: Predicando con Cantos y Palabra


Al llegar a los asientos, nos quedamos de pie porque un grupo de jóvenes estaba liderando un momento de alabanza con canciones cristianas. Primero, cantaron dos canciones animadas, en las que los asistentes cantaban y aplaudían. Luego, cantaron dos mucho más lentas, para adorar. En este momento, muchas personas cerraron los ojos y comenzaron a orar en voz baja; unos alzaban las manos, otros las juntaban, otros se movían de lado a lado en su puesto y otros se quedaban quietos. Cada quien expresaba su fe de la manera que sentía en ese momento.


Yo observaba detenidamente todo lo que ocurría a mi alrededor. Sin embargo, sentí que debía aprovechar ese momento: cerré los ojos y comencé a dar gracias. Fue lo primero que me surgió. Mientras escuchaba el coro "siendo justos se entregó, cuán grande amor nos demostró", pasó algo inesperado: se me salieron las lágrimas. Fue inevitable detenerlas, pero me sentí contento y agradecido con Juanes y su mamá por permitirme acompañarlos. Pensé que, si no hubiera venido a estudiar a Colombia, probablemente nunca habría vivido esa experiencia.


Luego de la adoración, me sequé las lágrimas y nos sentamos. El diácono Daniel Garzón se presentó y comenzó a hablarnos sobre Apocalipsis 3, 10. Lo primero que dijo y me llegó mucho fue: "No vayas solo a retos difíciles", refiriéndose a que esos momentos siempre aparecerán en la vida y es mejor afrontarlos en compañía. Para mí, habría sido muy complicado ir a la iglesia sin Juanes; no por algo negativo, sino porque necesitaba esa guía, ese portero, que me abriera las puertas a esta experiencia.


Después de estas palabras, Daniel invitó a su padre, el profesor Mauricio Garzón, quien inició diciendo: "Llevar la palabra de Dios es una maravilla, lo mejor que le puede dar a uno en la vida". Me encantaron estas palabras, porque a los católicos también se nos invita a evangelizar y a compartir la palabra de Dios con quienes lo necesitan. Aquí empecé a dejar de lado mis prejuicios: comprendí que los cristianos y católicos tenemos mucho más en común de lo que imaginaba.


Figura 8. Daniel y su padre Mauricio.
Figura 8. Daniel y su padre Mauricio.

El diácono mencionó algo poderoso: "En medio de tus tribulaciones, que parecen difíciles de pasar, en vez de acercarte a Dios, reniegas de Él". Esto me recordó cuando, el año pasado, mi mamá sufrió un fuerte cuadro de neumonía y estuvo a punto de ser hospitalizada debido a sus bajos niveles de oxígeno. Recuerdo que renegué de Dios, porque no lograba entender por qué, estando yo lejos, ella tenía que pasar por algo así. Me sentía impotente al no poder hacer nada más que orar y estar pendiente. Gracias a Dios, mi mamá logró recuperarse y no fue necesario hospitalizarla. Sin embargo, pasé muchas noches con mucho temor de que recayera o de que su situación empeorara.


"Cristo interviene en todas tus tribulaciones, por más difíciles que sean", mencionó Mauricio. Continuó su prédica enseñándonos sobre la importancia de vivir bajo el propósito de la salvación, de salir de la comodidad como iglesia y de mantenernos firmes en la fe y la esperanza. Estas palabras me resonaron profundamente, ya que comenzaron a traer a mi mente recuerdos de cuando llegué a Colombia: solo, lejos de mi familia, de mi novia y de mis amigos; llegando a una casa que no era la mía, a una cultura que no conocía del todo y a un clima más frío que el aire acondicionado de mi cuarto en Panamá.


Todos estos pensamientos regresaron, pero también fui consciente de algo: mis miedos, mis tribulaciones y mi soledad han sido sanados, gracias a Dios, pero también a mis amistades de la universidad, a mis compañeros de casa y a todas las experiencias y personas que se han cruzado en mi camino y me han ayudado diariamente. Aún hay momentos difíciles, pero ahora los enfrento de una mejor manera, con la esperanza constante de volver a verlos.


Casi al finalizar el culto, Daniel invitó a los nuevos visitantes a pasar adelante, con el fin de conocernos, darnos la bienvenida y orar por nosotros. Juanes me preguntó si me animaba a ir y acepté de inmediato, ya que quería vivir la experiencia completa. Pasé junto con otras familias y jóvenes; el diácono nos saludó y oró por nosotros. Nuevamente, se me aguaron los ojos de una manera inexplicable. Aíun así, me sentía tranquilo, alegre y agradecido por estar allí. Luego, nos invitó a darnos la vuelta. Un grupo de jóvenes nos recibió con un gran cartel de bienvenida, mientras las personas aplaudían con una sonrisa sincera.


Figura 9. Daniel orando por los nuevos.
Figura 9. Daniel orando por los nuevos.
Figura 10. El cartel de bienvenida.
Figura 10. El cartel de bienvenida.

Después, Daniel nos invitó a un salón detrás del escenario, donde los encargados tomarían nuestros datos para comunicarse con nosotros e invitarnos a los próximos cultos y reuniones. Agradecí la invitación y dije que, si Juanes me invitaba de nuevo, regresaría para acompañarlo. Al salir nuevamente, me di cuenta de que el culto ya había terminado y que las personas comenzaban a retirase.


Figura 11. En el salón para tomar nuestros datos.
Figura 11. En el salón para tomar nuestros datos.

Parte 4: Experiencias que Trascienden


Antes de irme, quería entrevistar a uno de los pastores de la iglesia. Juanes y su mamá me presentaron a Franklin Gutiérrez, pastor de Casa Sobre la Roca y periodista de profesión. Él me explicó que los cristianos no buscan discutir con otras personas por aquello que los separa, sino enfocarse en lo que los une y defenderlo en conjunto, porque, como él mismo dijo: "para dividir todo el mundo, pero para unir, muy pocos". Para él, la música y la alabanza representan un principio bíblico: la exaltación a Dios por medio de la música. Además, Franklin concibe el cristianismo no como una religión, sino como una forma de ser y de vivir; afirma que el Señor lo conquistó, y por eso permanece ahí. Antes de finalizar me dijo: "No trato de ser mejor persona, sino de ser menos peor y ahí es donde cambiamos el mundo, a través de esas cosas".


Al salir estaban Majo (18 años) y Gerald (20 años), dos chicas que estaban sirviendo café. Les pregunté si podía entrevistarlas, ya que quería conocer su experiencia dentro del servicio en la iglesia. Ambas llevan dos años sirviendo, dedicando su tiempo a los demás como una forma de llenar el corazón y dar esa milla extra después de la semana. Luego, les pregunté sobre sus rituales: Majo me contó que se levanta a las cinco de la mañana para hacer su devocional y comenzar bien su día. Por su parte, Gerald inicia su jornada escuchando alabanzas y realiza su devocional en la noche. Como no conocía el término, les pedí que me explicaran qué significaba: se trata de analizar una palabra y ponerla en práctica en su día a día.


Figura 12. Entrevista a Majo y Gerald.
Figura 12. Entrevista a Majo y Gerald.

Antes de finalizar la entrevista, les pedí que me compartieran un mensaje para los lectores de esta bitácora. Gerald dijo: "No se comparen con nadie, cada uno tiene su propósito y su camino y por algo están donde tienen que estar". Por su parte, Majo expresó: "En todo tiempo amen a los demás, y aunque la gente te diga lo contrario, tú siempre ama en todo tiempo."


Con estos mensajes, me fui contento y satisfecho con mi visita a Casa Sobre La Roca. Aprendí que los cristianos y católicos comparten más similitudes de las que imaginaba; que amar y servir son pilares fundamentales del ser humano y que es necesario apoyarnos, acompañarnos y centrarnos en lo que nos une y dejando de lado aquello que nos separa.


Mientras regresaba a casa, me surgió una pregunta: ¿Cómo podemos dejar los prejuicios, si no salimos de nuestra zona de confort, si no nos atrevemos a ir más allá de lo que conocemos? Un mes después, esa experiencia sigue resonando en mi mente y en mi corazón de una manera que no esperaba. Sin duda, ha sido uno de los highlights más significativos de mi año. Esta salida de campo me dejó una certeza: Dios me acompaña en mis tribulaciones y cargas, y todo ocurre por una razón; solo debo aprender a esperar y dejarme sorprender.



Figura 13. Juanes, su mamá y yo.
Figura 13. Juanes, su mamá y yo.




 
 
 

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